Jueves, 25 Febrero 2021

MINISTRA NURIA ESPARCH NO INSTALARÁ ‘COMISIÓN DE NOTABLES’ PARA CAMBIAR ROLES DE LOS INSTITUTOS ARMADOS

 

Las intenciones de llevar adelante una nueva reforma de las Fuerzas Armadas del Perú por obra del gobierno del presidente transitorio Francisco Sagasti se desvanecen, tal como se deduce de la respuesta de la titular del Ministerio de Defensa (Mindef), Nuria Esparch Fernández, a las preocupaciones de la Comisión de Defensa del Congreso sobre la conformación de un Comité Consultivo Ad Hoc de notables para eventualmente modificar los roles de las Fuerzas Armadas.

Las alarmas se encendieron en los cuarteles cuando el 26 de noviembre un diario oficialista de izquierdas informó de unas declaraciones de Esparch referidas a la conformación de dicho grupo de notables “que ayude a establecer una agenda sobre las decisiones que se tienen que tomar sobre el rumbo de las Fuerzas Armadas”.

¿Cuál ha sido la respuesta de la citada ministra al titular de la Comisión de Defensa Nacional, Orden Interno, Desarrollo Alternativo y Lucha Contra las Drogas, Daniel Urresti Elera, mediante oficio recepcionado el 7 de enero último?: “Sin perjuicio que la ley N° 29158 (…) prevé la creación de Comisiones Consultivas (…), es importante mencionar que las declaraciones realizadas a un medio de comunicación, estaban referidas a la posibilidad de contar con los aportes de expertos profesionales en la temática del Sector Defensa, esto es, ex Comandantes Generales y ex Ministros de Defensa, que puedan compartir sus perspectivas, a fin de contribuir en el desarrollo de una agenda de trabajo para los próximos años”.

A renglón seguido, añade que “a la fecha no se ha estimado necesario conformar ningún comité consultivo”.

En el escrito, además, Nuria Esparch resume en forma tácita que no puede hacer reformas de largo aliento porque “nuestro Gobierno es de Transición y Emergencia”.

Por tal razón, añade, “hemos establecido tareas puntuales como aquellas relacionadas con la organización de unas elecciones libres y transparentes, el fortalecimiento de la lucha contra la pandemia, la reactivación económica y dejar una administración ordenada para el próximo Gobierno”.

“En el sector Defensa tenemos un respeto absoluto por el rol de las Fuerzas Armadas, en el marco de lo estipulado en el artículo 165 de la Constitución Política del Perú”, dice el documento en otro párrafo.

“El objetivo de esta gestión es reforzar la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas para el cumplimiento de su misión y mandato constitucional, a la vez de asegurar que cuenten con recursos suficientes y adecuado equipamiento, mantenimiento y entrenamiento”, agrega.

MODIFICACIÓN DE CURRÍCULOS

Lo de Esparch se trataría de un evidente retroceso de las decisiones iniciales del Mindef que tenía previsto empezar -con apoyo de los notables- una reforma de la educación militar a través de la modificación de las estructuras curriculares en todos los niveles, a partir de las escuelas militares, para imponer la agenda llamada ‘caviar’ que viene avanzando desde el año 2001, sobre todo en el Ejército.

Recuérdese que al asumir el Mindef la abogada Nuria Esparch, ex viceministra de Recursos para la Defensa (área logística y administrativa) cuando era titular del sector Allan Wagner Tizón, en su primera presentación frente a los funcionarios del ministerio anunció la conformación de dicha comisión de notables para que elabore un diagnóstico, junto al diseño de un análisis sobre los nuevos roles de las Fuerzas Armadas, y, finalmente, plantear recomendaciones acerca de sus nuevas orientaciones, tareas, misiones y retos.

Dicho temperamento, en efecto, habría tenido como finalidad el revisar los roles de los institutos armados ya establecidos en la Constitución, mandatos que vienen desde la Carta de 1979 y se mantienen en la de 1993, y en normas legales de menor jerarquía promulgadas en los últimos años, señalan fuentes del Pentagonito.

¿QUIÉNES SON?

Las mismas fuentes precisan que en ese entonces se comenzaron a barajar y analizar los posibles nombres de integrantes para conformar dicha comisión de notables, siendo los más voceados y promocionados el embajador Allan Wagner Tizón, de la ONG Transparencia; Max Hernández, del Acuerdo Nacional; Marcial Rubio Correa, ex rector de la PUCP, y Salomón Lerner Febres, ex integrante de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), entre otros.

Ante este peligro empezó una presión militar ejercida en las últimas semanas por integrantes de las Fuerzas Armadas en situación de retiro, tanto es así que desde la escena oficial fue la Comisión de Defensa del Congreso de la República la que formuló, mediante Oficio N° 788-2020-2021-DNOIDALCD/CR, un pedido de información para que la encargada del sector informe el contenido y alcances de su propuesta de conformar la mencionada “comisión de notables”.

Ese grupo congresal ya recibió la respuesta que hemos detallado líneas atrás, con la tímida precisión de que el Mindef podría proceder, como es usual y tradicional, a la conformación de su respectiva comisión consultiva de acuerdo a ley, pero no se habló para nada de los “notables” ni de mayores alcances “reformistas” de mediano o largo plazo.

Pasados los días se especula que la ahora abortada comisión de notables habría tenido el objetivo de seguir la línea planteada por quienes pretendieron cambiar la naturaleza de las Fuerzas Armadas en los gobiernos de Valentín Paniagua (2000-2001) y Alejandro Toledo (2001-2006).

FRONTERAS CERRADAS

En esos periodos presidenciales se comenzaron a incubar algunos esquemas embrionarios en el sentido de que las Fuerzas Armadas no tenían razón de ser en un país que había logrado “cerrar sus fronteras” y derrotar al terrorismo, por lo que, ante este nuevo escenario, la salida era reforzar a la Policía Nacional para que asuma esas funciones, como lo planteaba en sus círculos cerrados el hoy congresista morado Gino Costa Santolalla, blandiendo el ejemplo de Costa Rica, donde él fue asesor.

La nueva doctrina avanzó en el contexto de una drástica disminución del presupuesto militar, para debilitar a las Fuerzas Armadas, en especial el Ejército, objetivo que fue disfrazado en los conceptos de “transformación”, “modernización” y lucha anticorrupción contra la autocracia fujimorista y el cabecilla corruptor Vladimiro Montesinos.

Esta nueva hoja de ruta fue acompañada, entre el 2001 y 2006, de la conformación de diversas comisiones de estudio y las consabidas consultorías para supuestamente adecuar los lineamientos del sector a los desafíos del siglo XXI.

Tras esa agenda, los primeros ministros civiles, como David Waisman y Aurelio Loret de Mola, entre los años 2001 y 2002, cuando gobernaba el prófugo Alejandro Toledo, avanzaron en diversos temas, como la conducción civil, la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas, y obviamente continuaron con las operaciones de paz y la seguridad cooperativa que ya funcionaban en el continente y en todo el mundo.

Asimismo, pusieron énfasis en la distensión y reorientación de las llamadas “hipótesis de guerra o conflictos” con los países vecinos, en especial Chile y Ecuador.

ENTRAN LAS ONG

Parte de esta política se plasmó el 2005 en la elaboración del ‘Libro Blanco de la Defensa Nacional’, en cuyo capítulo VIII está lo referido a la ‘Reforma del Sector Defensa’ bajo la batuta de las ONG Instituto de Defensa Legal, la Comisión Andina de Juristas de Diego García Sayán, el soporte académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y la asunción del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), como lo informó EXPRESO en su edición del 21 de diciembre de 2020 .

Por lo demás, los nuevos roles de las Fuerzas Armadas como soporte defensivo del Estado –más allá de su preparación tradicional para la guerra- no era ni es ninguna novedad ni en el Perú ni en el extranjero. Los ‘reformadores’ no estaban descubriendo la pólvora.

Asimismo, en el dilema entre la paz y la guerra, sabido es que existen otras funciones del uso de la fuerza que se encuentran definidas en la Constitución Política del Estado y en la legislación vigente.

Nos referimos a los sucesos de calamidad pública, sea de origen natural, como los desastres y siniestros, sean sismos o fenómenos como los de El Niño; o de naturaleza humana, llámense terrorismo, narcotráfico o algaradas de conmoción social que rebasan el control político y policial, como se ha visto en las violentas movilizaciones de noviembre del año pasado, en Lima, que produjeron la caída del presidente Manuel Merino de Lama, o la revuelta en países vecinos como Chile contra el mandatario Sebastián Piñera.

EL VRAEM

En cuanto a la criminal simbiosis del terrorismo y el narcotráfico, el mejor ejemplo peruano está en los valles de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), y recientemente en la provincia de La Convención, Cusco, donde ‘camarada’ “José” o “Iván”, Víctor Quispe Palomino, lidera el autodenominado militarizado Partido Comunista del Perú -marxista leninista maoísta, principalmente maoísta (PCP-MLP PM)-, que es la mayor amenaza a la seguridad nacional del Perú.

Entre otros retos están las nuevas amenazas en el escenario internacional como los terrorismos fundamentalistas, las organizaciones criminales tipo los Maras de Centroamérica, las mafias del narcotráfico (México y Colombia), problemas que tienen sus respectivos entes de coordinación a nivel de Fuerzas Armadas en Naciones Unidas u organismos hemisféricos como la OEA.

Es pues una delincuencia global de diferentes facetas que no respeta fronteras y a los que los Estados nacionales no son capaces de afrontar en solitario, por lo que obviamente se amplía, en el nuevo milenio, el concepto de seguridad al desarrollo económico y social, al bienestar ciudadano y la estabilidad interna y externa (que no es otra cosa que un aporte a la paz dentro y fuera de nuestra fronteras).

Finalmente, si bien es cierto que hay unanimidad de parte de los expertos que consideran que las guerras han disminuido en el mundo y en América latina, también es cierto que nadie puede asegurar ni garantizar que no se darán, sea en el presente o en el futuro, esto en una ambiente de un desarrollo tecnológico de la industria militar nunca antes imaginado donde las guerras son cortas, rápidas, cibernéticas y ultraviolentas.